Navidad


La Navidad es una de las fiestas más importantes del Cristianismo –junto con la Pascua y Pentecostés–, que celebra el nacimiento de Jesucristo en Belén. Esta fiesta se celebra el 25 de diciembre por la Iglesia Católica, la Iglesia Anglicana, algunas otras Iglesias protestantes y la Iglesia Ortodoxa Ru­mana; y el 7 de enero en otras Iglesias Ortodoxas, ya que no aceptaron la reforma hecha al calendario juliano, para pasar a nuestro calendario actual, llamado gregoriano, del nombre de su reformador, el Sumo Pontífice Gregorio XIII. Aunque para algunos historiadores la celebración de la Navidad histórica debería situarse en primavera (entre abril y mayo), y para otros, siguiendo el relato de Lucas 2:8, que indica que la noche del nacimiento de Jesús, los pastores cuidaban los rebaños al aire libre y que el cielo estaba lleno de estrellas, es poco probable que este acontecimiento hubiera ocurrido en el invierno (hemisferio norte). La Iglesia cristiana mantiene el 25 de diciembre como fecha convencional, puesto que en la primavera u otoño la Iglesia celebra la Pascua.
Algunos mantienen que el 25 de diciembre fue adoptado solamente en el siglo cuarto como día de fiesta cristiano después de que el emperador romano Constantino I el Grande se convirtió al cristianismo para animar un festival religioso común y convertir a los paganos en cristianos. La lectura atenta de expedientes históricos indica que la primera mención de tal banquete en Constantinopla no sucedió sino hasta 379, bajo San Gregorio Nacianceno. En Roma, puede ser confirmado solamente cuando se menciona un documento aproximadamente del año 350, pero sin ninguna mención de la sanción por el emperador Constantino.
Los primeros cristianos celebraban principalmente la Epifanía, cuando los Reyes Magos visitaron al Niño Jesús. (Esto to­davía se celebra en la Argentina, Armenia, España, Ecuador, Perú, Paraguay, Puerto Rico, República Dominicana, México, Colombia, Uruguay, y Venezuela).
Ahora bien, como cada año, cuando se aproxima la Navidad y el cierre de un nuevo ciclo en nuestras vidas, los seres humanos tenemos la necesidad de llamarnos a la reflexión. Quienes somos creyentes consideramos el 25 de diciembre como una buena fecha para hacer un balance de lo que nos sucedió a lo largo del transcurso del año; y poner en la balanza aquellas cosas buenas y también las malas. Pero si tomamos en cuenta los momentos y las etapas que vivimos, no podemos soslayar que nuestro país ingresará a partir del 1º de enero de 2011 en un año muy importante para todos los argentinos. La vida institucional nos convoca a una nueva instancia electoral. El 2010 tuvo sus claroscuros, pero a partir del nuevo año próximo a comenzar tenemos la responsabili­dad como ciudadanos de elegir a nuestros representantes, tanto en el Poder Ejecutivo como Legislativo en sus niveles más trascendentes. Sin que suene cursi y a riesgo de caer en frases comunes, es de esperar, dada la diversidad de posicionamientos que hoy existen en la clase dirigencial, asuman la responsabilidad de la hora; y que más allá de las diferencias que existen, todo se desarrolle dentro de los causes normales y que nada empañe el acto electoral, porque en definitiva es el momento más importante que debemos asumir todos, dirigentes y el propio pueblo. Dicho en otras palabras, que lleguemos al 23 de octubre y celebremos entre todos, la fiesta de la Democracia.

 

 

 

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